Intolerancia a la Incertidumbre

Muchas personas sienten verdadera angustia ante las situaciones inciertas y quisieran tener mayor sensación de control sobre ellas.

Este texto es una explicación teórica de lo que significa la incertidumbre. 

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La ansiedad es la respuesta emocional (sentimiento de inquietud/malestar o reacciones somáticas de tensión) que acompaña a la anticipación aprensiva de un peligro o desgracia futuros, ya sean internos o externos. La preocupación es una cadena de pensamientos sobre un peligro o desgracia futuros, donde hay incertidumbre sobre los resultados (la amenaza futura es vista como impredecible y/o incontrolable) y un sentimiento acompañante de ansiedad (Dugas y Ladouceur, 1997; Dugas y Robichaud, 2007; Rapee, 1995). El ciclo de la preocupación suele comenzar con un pensamiento del tipo: “¿Y si… (sucede algo negativo)?”, el cual es seguido por una cadena de pensamientos sobre posibles consecuencias negativas (Dugas y Robichaud, 2007).

Dugas y Robichaud (2007) han distinguido dos tipos de preocupaciones:

  1. a) Preocupaciones que atañen a problemas actuales (el problema ya existe); p.ej., preocuparse por las consecuencias de haber discutido con un amigo, por la sobrecarga laboral que se padece, por lo que costará hacer una reparación, por el retraso escolar de un hijo. 
  2. b) Preocupaciones que tienen que ver con situaciones hipotéticas (el problema no existe todavía y en muchos casos no existirá); p.ej., preocuparse porque el marido pueda tener un accidente de coche, por poder desarrollar cáncer o por perder el puesto de trabajo sin que haya nada que lo indique

No todas las preocupaciones pueden clasificarse claramente en una de las dos categorías. Por ejemplo, una preocupación puede implicar tanto un problema actual (p.ej., dolor crónico) como una situación hipotética (dolor como un signo de que se puede tener cáncer).

 

Cinco preguntas útiles para decidir si preocuparse es desadaptativo son (Craske, Barlow y O’Leary, 1992, pág. 1-7):

  1. ¿Se preocupa por cosas sobre las que, según usted reconoce, la mayoría de la gente no se preocupa (p.ej., pequeñas cosas sobre el manejo de la casa, qué tostadora comprar o qué libro leer)?
  2. ¿Encuentra muy difícil dejar de preocuparse y, en consecuencia, no puede relajarse?
  3. ¿Su preocupación raramente da lugar a alcanzar una posible solución para un problema particular?
  4. ¿Cree que si no se preocupa, sucederá realmente un acontecimiento terrible?
  5. ¿Se preocupa por no preocuparse o se preocupa cuando las cosas le van bien en la vida?” 

 

Dos tipos de errores cognitivos:

  1. a) Sobrestimación de la probabilidad de ocurrencia de un evento negativo; por ejemplo, un cliente que, con un buen expediente laboral y sin motivos fundados, cree que va a ser despedido de su trabajo.
  2. b) Pensamiento catastrófico o tendencia a esperar o interpretar lo peor (p.ej., esperar consecuencias terribles incluso de sucesos poco importantes) y a ver algo como intolerable e inmanejable o imposible de afrontar cuando no hay razones suficientes para ello; por ejemplo, pensar que uno quedaría tan hundido si muriera su cónyuge que no podría soportarlo y volver a rehacer su vida. 

Tras describir los dos tipos de errores anteriores, es necesario buscar en las experiencias propias ejemplos de ellos. A continuación, busquemos algunas razones por las que la sobrestimación de la probabilidad de ocurrencia de un evento negativo se mantiene a pesar de que no se cumple lo predicho: la creencia de que se ha tenido suerte hasta el momento, la creencia de que preocuparse y las conductas de seguridad previenen las consecuencias negativas y la tendencia a centrarse en los resultados negativos sin considerar otras alternativas. 

El siguiente paso es enfatizar la importancia de cuestionar los pensamientos negativos; se trata de examinar la validez de las interpretaciones y predicciones hechas con el fin de sustituirlas por cogniciones más realistas. Este cuestionamiento implica:

  1. a) considerar los pensamientos como hipótesis,
  2. b) emplear los datos presentes y pasados para evaluar la validez de lo que se cree y pensar en interpretaciones alternativas (método socrático),
  3. c) generar predicciones a partir de la creencia para someterla a prueba sin utilizar las conductas ansiosas o defensivas que el cliente cree que han prevenido la amenaza (experimentos conductuales).

 

 

 

 

El sujeto, que anteriormente ya tenía intolerancia a la incertidumbre, tiene una situación que debe afrontar, lo cual incrementa su vigilancia ante ese hecho, hay una orientación inadecuada al problema (el sujeto piensa que no va a ser capaz de solucionarlo, ve el problema más amenazante de lo que es, es intolerante a la frustración (lo va a intentar resolver menos veces de lo que sería capaz), y unas expectativas negativas de resultados (no lo voy a resolver bien).

Esto aumenta la probabilidad de que aumente la Preocupación, la Ansiedad, estados depresivos, aparecen por tanto los sesgos cognitivos, atencionales y de memoria.

Con esa situación cognitiva, sus afectos están en forma negativa con sentimientos de pérdida de control, comienza la intolerancia a la activación emocional, por tanto, comienza la evitación cognitiva, aumenta la preocupación y evita las imágenes negativas, por tanto, disminuye la activación fisiológica, pero aumenta la incertidumbre y volvemos a estar vigilantes ante la situación a resolver.